Frivolidad climática

A paso ligero

La otra mañana, escuchando la radio, me llevaron los demonios. La socialité Carmen Lomana (ahora se dice así a la gente a la que no se le conoce oficio pero se le presupone una buena cuenta bancaria) sostuvo sin rubor que viajar en avión, por desgracia, en estos tiempos ha perdido todo el glamour. Y, por tanto, para Lomana lo ideal ahora sería coger un avión privado siempre que sea posible. Los mismos que tomaban día sí y día también los miembros de la desestructurada familia Roy en Succession para ir de reunión en reunión o para asistir a una fiesta-bacanal en algún resort de lujo en Europa.

Lomana vino a decir que para qué hacinarse en un Ryanair con diez kilos de equipaje de mano cuando se puede quemar queroseno a discreción. Para qué aguantar los ronquidos del vecino de asiento y el paso del carrito del café en vasos de cartón cuando se puede brindar con champán con los amigos.

Un mensaje lanzado en antena precisamente cuando el debate para preservar el medio ambiente gira en torno a la prohibición de los llamados vuelos domésticos, aquellos dentro de un país que cuenten con alternativas a través del ferrocarril, evidentemente más sostenible.

La estulticia de Lomana tuvo un anticipo semanas atrás cuando Mario Vaquerizo, supuesto cantante, se declaró entre risas en una tertulia de televisión “a favor de la contaminación” por ser incapaz de llegar desde su piso en el centro de Madrid a casa de sus padres, en Vicálvaro, de cualquier forma que no fuera en un coche. El señoro, claro está, descartaba ir en bici o caminando, o en autobús o metro, que eso es de pobres.

La frivolidad climática por parte de quienes viven en un mundo paralelo al real hace mucho daño. Podemos hacer todo el esfuerzo del mundo en separar los vasos del yogur de las mondas de un plátano para conservar nuestro maltrecho planeta, pero seguirán existiendo muchos magnates se mueven a golpe de petróleo que entierren ese esfuerzo colectivo. Por eso, los mensajes de frivolidad climática ya van sobrando y deben ser, como poco, afeados.

Los efectos del cambio climático ya están aquí. ¿Por qué si no hemos pasado de estar en mangas cortas a recibir dos fuertes borrascas que se han llevado por delante decenas de árboles? El planeta sigue dando avisos de estar dirigiéndose hacia un territorio cada día más hostil. En manos de todos, en nuestros pequeños gestos cotidianos, está una de las claves para frenarlo.

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